Perfect days (2023) de Win Wenders

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Win Wenders es uno de los directores europeos vivos con más pedigrí cinematográfico. A pesar de ello, nunca le he seguido mucho la pista, salvo en sus greatest hits, claro. Sin embargo, puedo decir que Perfect days ha sido una grata sorpresa. Ya que el cineasta de París, Texas me ha encandilado con su sencillez y emotividad. Su fuerza y profundidad.

En una oda a la cotidianidad tan hermosa como la sombra danzarina de un árbol en flor. Me provoca unas sensaciones emparentadas con los maestros orientales Ozu y Mizoguchi.

Nos situamos en Japón, el bueno de Hirayama, trabaja limpiando cuartos de baño públicos por los barrios de Tokyo. Esta rutina diaria, para un hombre de su edad, lejos de provocarle desidia parece que le hace muy feliz. No conocemos nada de él, solo lo que vemos jornada tras jornada. Un hombre sensible que disfruta de los pequeños detalles que hacen que la vida merezca la pena. Momentos que pasan desapercibidos para la mayoría de personas y que para él merecen la pena. Estando muy sonriente la mayor parte del metraje, y ojo, es contagioso.

Es una película de personaje, acompañamos a Hirayama desde que se levanta hasta que se acuesta. Madruga, se asea, sale a por café. Conduce el coche, realiza su trabajo, va a los baños públicos para asearse, se toma su cervecita, luego lee un poquito de Faulkner y a dormir.

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Dentro de toda esta estructura tan reiterativa hay tiempo para la reflexión y la búsqueda de belleza, ya que Hirayama siempre intenta congelar el tiempo con su cámara de fotos analógica. Creando así álbumes que intenta guardar estación tras estación en una colección de su vida.

La trama no es muy compleja y los retos a los que se somete son de corte realista y sin mucho drama de por medio. Un ritmo tranquilo durante la mayor parte del metraje, sin exigirte mucho como público, hasta que aparece en su puerta su sobrina. Es sólo entonces, cuando empezaremos a conocer la verdad tras su sonrisa.

La tragedia se hace presente y el espectador se recoloca en la forma en la que ve a Hirayama. Es como si durante toda la cinta no nos estuvieran preparando para lo que el destino le tenía esperaba a la vuelta de la esquina.

Un elemento muy interesante es la banda sonora. La música diegética viene dada por los largos viajes en furgoneta escuchando cassettes con los mejores grupos de rock estadounidenses de los setenta. Una selección musical que hará las delicias de cualquier fan del género, cosa que contrasta mucho con las modernas calles japonesas. The House of Rising Sun y otros temas que parece que extrapolan los sentimientos reprimidos del protagonista.

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En definitiva, me gusta mucho la capacidad que tiene Wenders para la naturalidad, no sólo en la interpretación sino en su propia mirada como cineasta. No son unos ojos extranjeros, no es una película que puede pecar de hecha por un turista como pueden ser Vicky Cristina Barcelona o Mapa de los sonidos de Tokyo. Perfect days es un film 100% japonés. Tiene sus mismas reflexiones, su ritmo y ese humor tan extrovertido. Un trabajo que hace que el título sea sincero con lo que nos propone, disfruta de los mejores días.

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