miércoles, 20 de abril de 2016

Julieta (2016) de Pedro Almodóvar


Lo nuevo de Almodóvar tiene nombre de mujer. Y como en sus mejores películas, ellas solas llevan todo el peso cinematográfico. En este caso, el de una historia serpenteante y sinuosa que esquiva los momentos dramáticos más clásicos, jugando en una especie de ambigüedad narrativa, haciendo que el espectador tenga que componer parte del relato. El director manchego dosifica la información hasta el extremo, siendo los detalles realmente importantes (Aunque si te paras a pensarlo, los huecos no le interesan para nada). Después de tantos maravillosos melodramas coloristas, Almodóvar necesita otros retos. Quizás bucear por otros recovecos más interesantes para alguien de su maestría y para ello que mejor material que esta especie de adaptación de los relatos de Alice Munro.


Supongo que su escaso éxito de taquilla viene dada más por la historia en sí, que por los famosos papeles de Panamá. No es una película al uso ni una más de Almodóvar, es más reflexiva, elegante y descorazonadora que el resto de su filmografía. Bien es cierto que tiene cierta similitud con su celebre Todo sobre mi madre. Pero aquí explora de manera muy diferente las relaciones materno-filiales, cosa que se agradece. 


Partimos de una historia que navega entre los tiempos presentes y pasados para introducirnos en la vida de Julieta. Esta sufre un revés cuando se encuentra a la mejor amiga de la infancia de su hija Antía y le cuenta que la ha visto hace poco y que tiene tres hijos. Un dato que parece sin importancia pero con el que nos presenta el conflico central del film: Julieta perdió a su hija por motivos aún desconocidos. Esta información por lo tanto, es una revelación suficientemente importante para revitalizar ese sentimiento de pesadumbre justo en el mejor momento en el que se encontraba. Ello afectará a su vida de una forma desgarradora, no pudiendo sobrevivir a la ausencia de Antía. Mediante flashback se nos va narrando el origen de los personajes hasta llevarnos al presente.


Quizás uno de los aspectos más polémicos de la cinta, sea la dicotomía interpretativa que corre a cargo de dos actrices tan diferentes para dar vida a Julieta. Por un lado, la joven Adriana Ugarte y por otro, la madurez de Emma Suarez. Este juego de contrastes de unas intérpretes tan diferentes es bastante interesante. Siendo una manera elegante de demostrar como puede cambiar una persona a raíz de un conflicto. Siendo el trasbase de una actriz a otra utilizando un elemento purificador como es el agua y una toalla para limpiar el dolor. 


El resultado de la cinta provocará divisiones en el espectador, siendo un drama contenido que puede parecer desdibujado pero con sentido y armonía. El concepto era eso: contar una historia no desde su puntos fuertes sino desde los momentos donde "no pasa nada". Las transiciones son clave en la nueva cinta de Almodóvar. Un intento valiente de jugar con su estilo de siempre como nunca lo había hecho. Sigue así Pedro.

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