Giselle es uno de los ballets románticos más conocidos del mundo. Aunque no lo hayas visto, seguro que te suena. Su temática, que oscila entre el amor y la muerte, el juego con lo sobrenatural y la exigente pericia técnica y artística necesaria para llevarla a cabo convierten a Giselle en un must. El relato se centra en una pobre campesina que se enamora de Albrecht, un noble disfrazado de aldeano, hasta que descubre que está casado y toda su vida se convierte en una pesadilla que la llevará desde la locura hasta la muerte y mucho más allá. Hasta que Albrecht y ella se vuelven a encontrar.
Después de deconstruir El banquete de Platón, la joven compañía La Ferviente transforma el ballet en un musical bañado en electrónica, con apartes al público micrófono en mano, elementos de performance y juegos interactivos donde el placer es el hilo vertebrador. Todo un desafío para una obra de teatro off en pleno siglo XXI.
Este diálogo entre lo clásico y lo contemporáneo cuenta con la dirección, dramaturgia y el papel protagónico de Carmen Adrados, que, junto con el reparto formado por Tony Galán, Reyes García, Leyre Morlán y Adrián Pulido, construye un discurso pasional sobre las pulsiones principales del ser humano, con una puesta en escena práctica, pero estética y envolvente, que funciona tan bien como en el resto de los espectáculos de la compañía.
Desde luego, los intérpretes deben acabar extenuados, ya que se mantienen en movimiento durante la mayor parte de la representación, con una danza continua que juega a no ser ni clásica ni actual, en un frenesí de relaciones entre personajes que nos llevará a sobrevolar la historia de Giselle y su final —con paso a dos incluido— desde una visión muy creativa y moderna, utilizando herramientas no solo interpretativas, sino también tecnológicas (la música hace mucho, muchísimo).
La última media hora del espectáculo puede ser la más polémica, dependiendo del academicismo del espectador, pero si vas a la sala Nave 73 no deberían sorprender propuestas innovadoras e inusuales que pervierten y retuercen las artes escénicas con originalidad. La dramaturgia se crea en escena, pero ¿qué pasaría si el espectador ocupara el lugar bajo los focos? Para resolver esa pregunta deberás estar presente y tomar una decisión: un acto para encontrar el placer de Giselle, el de la compañía y el del propio espectador.

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