El enésimo apocalipsis
Ah, el cine de catástrofes… Subgénero que tantas alegrías
nos ha dado, sobre todo a raíz de los setenta y que todavía hoy en día sigue
facturando en taquilla. Como Shakira, pero mejor. Durante los últimos años, en
especial Roland Emmerich, el odiado cineasta alemán, pero uno de los que mejor
entendió la industria, puso el cine de desastres naturales en el ojo del
huracán, nunca mejor dicho. Títulos como El día de mañana o 2012
se convertían en auténticos fenómenos en cartelera gracias al morbo de su propuesta
o las impactantes imágenes de diferentes partes del mundo destruidas que se
implantaban con facilidad en la retina del espectador. Por otro lado, tenemos
la carrera de Gerard Butler, que en los últimos tiempos ha supuesto una montaña
rusa, encadenando éxitos como las franquicias Cómo entrenar a tu dragón
o los filmes de Objetivo: Casa Blanca, con absolutos fiascos como
Dioses de Egipto o directamente cintas desconocidas como Hunter
Killer: Caza en las profundidades.
Entre todo esto apareció en su día Geostorm,
propuesta de catástrofes que volvía a poner en el mapa este género con Butler
como estrella absoluta. Funcionó a medias, pero no supuso un fracaso por lo que
pocos años después se repetiría la misma fórmula con Greenland,
película más “realista” para el contenido que suelen exhibir este tipo de
producciones y que a juzgar por la crítica que estáis leyendo ahora, también
debió de funcionar medianamente ya que esta Migration es su
secuela, tal vez algo tardía, seis años después, pero el caso es que aquí está.
Sinopsis: Después de sobrevivir al fin del mundo por la caída de un cometa, Jeff Garrity, junto con su mujer Allison y su hijo Nathan, deciden abandonar el búnker que les ha mantenido a salvo cinco años para buscar una zona en Europa que podría ser habitable. Así, el último refugio es el principio de un nuevo comienzo. Juntos emprenderán un viaje donde los desastres naturales y los humanos que sobrevivieron han convertido el mundo en un auténtico infierno.
Desde el inicio sus intenciones son claras, ir alternando secuencias de puro drama familiar con las de acción y desastres. Y ese esquema se repetirá hasta los créditos finales, desarrollando la narración como lo hemos visto miles de millones de veces. La sensación de déjà vu es constante, y es que Greenland 2 bien podría ser un mix de muchas de las cintas de catástrofes más famosas que hemos visto, aunque menos inspirada a nivel visual y llevada a cabo con muchísimo menos carisma.
Hablando del apartado visual, tiene algunas estampas de
abandonos muy impresionables, pero no funcionan igual que a principio de siglo,
debido sobre todo al agotamiento que el espectador ha generado tras tantas
películas de destrucciones con efectos especiales avanzados o tantas batallas
superheroicas en las que ciudades y otros paisajes son destruidos sin ninguna
piedad. Esto nos llevaría a plantearnos si este tipo de cine no está ya
obsoleto o no ha sabido reinventarse con el paso de los años.
Aun con lo desfasado de su propuesta, puede llegar a ser disfrutable, sobre todo si eres un completista de Butler o si enloqueces con los filmes donde la destrucción del mundo es el eje central de la trama.
En resumidas cuentas, la fórmula se agota, pero tal vez un
cubo de palomitas y un bidón de refresco azucarado después, lo veas de otra
manera y hayas podido hasta entretenerte desactivando tus funciones cerebrales
y “disfrutando” de este enésimo apocalipsis.




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