Atrapando a un monstruo (2025) de Bryan Fuller

  

John Wick para niños 

Bryan Fuller, flamante creador de las series Hannibal o American Gods entre otras, da el gran salto a la dirección de largometraje, tras una breve miniserie documental de nombre Queer for Fear: The History of Queer Horror, en la que supone su ópera prima. Una cinta con un marcado sello personal que toma prestados bastantes conceptos de aquí y de allá, pero que en conglomerado se alza como un indefinible producto de género que sirve como entretenimiento nervioso para grandes y pequeños… en principio.

Desde su enérgico prólogo queda claro que las intenciones de Fuller son alejarse de toda lógica, por lo que el realismo no será un elemento para tener en cuenta en la historia. Bien hasta aquí. También nos transmite que pese al marcado halo infantiloide de la premisa, desde pronto también comienza a combinar secuencias a ratos siniestras y a ratos nostálgicas, dejando un resultado tan excéntrico como artificial que, con todo, sigue sin perder esa atmósfera fantástica e infantil que promete desde su barroco poster.

La trama central, la de monstruo, evoluciona para ir desfilando por una serie de subgéneros que van transformando el filme en una montaña rusa de sensaciones y de breves experiencias. Así como marca el subencabezado de esta publicación, tiene momentos donde Dust Bunny parece tornarse en el John Wick infantil para los chavales más atrevidos ávidos de acción, pero a su vez no reniega de otras claras influencias como por ejemplo Jeunet, al que le debe mucho del material que exhibe y del que también parece beber para construir ese edificio de estilo modernista en un Brooklyn de fábula, y que es sin duda un personaje más de la película. Imposible también no mentar a Bayona y su Un monstruo viene a verme, en la que también se mira en el espejo y a la que además consigue superar en no pocas ocasiones durante demasiados momentos.

El libreto, desfasado por momentos, juega con el espectador a su antojo, introduciendo subtramas tan esperpénticas como los personajes que las protagonizan. Hablando de ellos, toca mencionar, cómo no, un reparto coral donde destacan sobremanera los Mads Mikkelsen o Sigourney Weaver, principales reclamos y estrellas de Atrapando a un monstruo, pero sin quitarle ojo de encima a los David Dastmalchian y sobre todo Sophie Sloan, verdadera y carismática protagonista de la función.

La guinda la pone su fotografía, saturada y llena de contrastes que emulan títulos infantiloides de los ochenta y que, al igual que en su época, consigue introducirte en ese mundo fantástico que Fuller persigue o, mejor dicho, te hace perseguir.

En resumidas cuentas, original cuento de hadas terrorífico, de estética marcada y de carácter inclasificable. 






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