Godot siempre se hace de rogar, y eso siempre es bueno para el buen teatro. La experiencia del espectador no consiste en ver a dicho personaje, sino simplemente en habitar ese tiempo muerto que convierte la función en una vivencia extraña y surrealista. Por eso pertenece al teatro del absurdo, donde todo puede pasar y donde el público tiene que desactivar la lógica y zambullirse en la locura.
A pesar de ello, Julia Rebato se las ingenia para hacer crítica política y social trasladando a los personajes de Samuel Beckett a nuestros tiempos, en un marco tan trascendente como polémico: el Congreso de los Diputados. Por lo tanto, “Godot en el Congreso” está revestida de ideas y bromas que van directas a la yugular, con la intención de sacudir el polvo de una institución tan importante como estrafalaria.
En esta ocasión, Vladimir y Estragón son Roberto, candidato a la presidencia, y Elisabeth, su ayudante, con una relación, digamos, particular. Ambos acabarán enfrentándose a sus oponentes, Hinckel y Lauren, mientras esperan a Godot como un deus ex machina autoritario que afecta a todos pero que nunca llega a poner un pie en el Congreso. Sin embargo, la esperanza de que algún día aparezca mantiene alerta a todos los personajes. Porque solo él puede salvar los papeles de todo el Congreso, algo paradójicamente autocrático para hablar de un sistema democrático, ya que este líder parece capaz de cualquier cosa.
El reparto está compuesto por Ángela Conejero, Pablo Martelo, Paula Ortiz-Angulo, Adriana Balaguer y Jorge Chavero, todos disfrutando de su momento en escena con unos roles que rompen las expectativas de la lógica. Pasan de un estado a otro con una comicidad excéntrica apoyada en un notable trabajo físico cercano al clown. Aun así, mi favorita es Ángela Conejero por su versatilidad y desparpajo, capaz de transitar de un momento disparatado a otro con absoluta naturalidad. Sabe en todo momento cómo ocupar el escenario, encontrar su espacio y brillar sin eclipsar a ninguno de sus compañeros, algo nada fácil debido al ritmo de la historia, con diálogos rápidos y escenas que se desarrollan con gran fluidez.
Sin acción ni resolución clara, la adaptación de Beckett realizada por Julia Rebato mantiene fresco y vivo su legado, añadiendo además una capa de sátira política que el original no posee. Como ciudadanos, la política nacional deja mucho que desear, y nunca está de más denunciarlo mediante la comedia, probablemente la mejor herramienta para hablar de aquello que nos sucede mientras disfrutamos del espectáculo sin caer en la redundancia ni en el machaque constante.
La obra puede verse durante el mes de junio en el Teatro La Usina, en un horario perfecto para acercarse a disfrutar de “Godot en el Congreso”. Una propuesta que invita a viajar a un universo distorsionado que no atiende a lógicas convencionales y donde, de manera soterrada, encontramos a los mismos personajes que vemos cada día en televisión peleándose por un escaño y haciendo política a partir de cualquier tragedia. Una visión que desmonta la idea de que la democracia es la unión de las mejores mentes para encauzar el destino de un país.



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