miércoles, 21 de enero de 2015

Magia a la luz de la luna (2014) de Woody Allen




1. La risa en el patio de butacas crea una comunión en el espectador que anima al público, creando un efecto difícilmente visto en la comodidad de tu sala de estar frente al televisor o la cada vez más habitual pantalla de portátil. El humor es uno de los elementos más incontrolables para todo espectáculo que se precie, puedes calcular un gag al milímetro y no funcionar en absoluto. Es algo que  varía según el espectador, el drama es universal pero la comedia es personal. Cuando funciona es impagable, te sube la adrenalina y además te hace pensar, porque un chiste tiene que ser expuesto y rápidamente razonado por el espectador, al menos el tipo de humor de la película que estamos tratando: Mordaz, inteligente. 

2. Todo comienza con nuestro protagonista, un mago inglés que se dedica a desenmascarar fraudes de espiritistas que hacen el agosto de personas desesperadas que quieren hablar con el más allá. Stanley tiene una manera de ver el mundo muy particular, es cerebral y no se deja llevar por los sentimientos. Nihilista, neurótico e ingenioso y no cree en nada salvo en su trabajo. Siempre tiene la última palabra y nada ni nadie es capaz de cambiar su manera de ver el mundo.  En el curso de una investigación empleará todas sus artimañas para desacreditar a su nueva sospechosa, la encantadora medium Sophie. ¿Es una farsante o no?


3. Los repartos no solo se ajustan a un guión sino también a una idea mercantilista de vender las películas al público masivo, esto no es el caso de Woody Allen que desde siempre ha ido por libre y ningún dictado ha coartado su creatividad y su manera de hacer las cosas. Pasando por todas las grandes majors en una etapa u otra de su carrera. En el caso que nos ocupa el reparto está encabezado por Colin Firth y Emma Stone. El primero se encuentra sin duda en el mejor momento de su carrera, premiado con un Oscar a mejor actor, encadenando trabajos tan interesantes como El topo o Condenados siempre a caballo entre Inglaterra y Estados Unidos, todo un veterano de la interpretación que sabe moverse muy bien por la comedia. Ella es una de las chicas de moda en Hollywood conocida para el gran público por películas tan diferentes como Criadas y señoras, Amazing Spiderman y Bienvenidos a Zombieland. Con rasgos graciles y amplia sonrisa se ha ganado el cariño del espectador, pero todavía tiene que demostrar sus dotes interpretativas, aunque carisma no le falta.
El reparto lo completan Jackie Weaver, Maria Gay Harden, Eilen Atkins y Simon McBurney.


4. Un elemento importarte que puede hacer de una película algo nuevo e ingenioso, o algo sobado y mil veces visto es donde tiene lugar la historia. La localización y el tiempo donde pululan los personajes marcan sus acciones, su manera de ser y de ver el mundo que les rodea. En este film tiene especial significación, ya que se trata de una película de época, una década muy especial para Allen, los años 20: la Era del jazz, de Scott Fitgerald y en la Riviera francesa. Un lienzo perfecto el cual el genio de Nueva York no había explorado hasta ahora, dotándola de una importancia fundamental, siendo un personaje más de la historia gracias a la fotografía preciosista de Darius Khondj, algo en lo que ya consiguió sentar cátedra hace décadas con su obra magna: Manhattan.

5. Una vez visto el largometraje descubrimos que dentro de su título se encierra la esencia de la historia, no siendo para nada su elección arbitraria. La magia que se da a la luz de la luna no es otra cosa que el amor (algo esencial en el cine de Allen, a pesar de su imagen de escéptico). Ese truco, es el prestigio que nos sorprende al descubrirnos cargados de sentimientos por la persona amada. Algo que puede llegar a equívocos si pensamos que estamos ante una película de ilusionistas y timadores (que también) aunque de eso no va la película. No es un thriller pero tiene misterio y cuando es desvelado, nos damos cuenta que la verdadera historia está en los personajes y la clave no es hacer desaparecer un elefante sino apreciar el olor de las flores junto a una persona que hace que tu corazón palpite a mil por hora. El amor que te cambia, el que como excéntrico piensas que no existe, el que te hacer ver las cosas desde otro punto de vista y esa, solo esa es la verdadera magia que retrata Woody Allen en esta película y no el truco de cartas de Scoop ni el hipnotismo de La maldición del escorpión de Jade


6. La misma canción se repite una y otra vez. Las voces de la crítica y del público, amantes y haters por igual del cine del director neoyorquino, que siempre acuden a los mismos estribillos rimbombantes: "Está es su peor película", "Nos encontramos ante la vuelta al mejor cine de Woody Allen", "Su mejor película en décadas", "Allen en caída libre". 
Van pasando los años y si miras atento la filmografía del director de Annie Hall te das cuenta de que su carrera siempre ha sido la misma desde sus orígenes hasta ahora. Siempre se ha mantenido igual, realizando películas siempre distintas pero con su particular estilo. Existiendo casos tan variados como el falso documental Zelig, la dostoiveskiana El sueño de Casandra, el metalenguaje de Desmontando a Harry; todas ellas diferentes pero con el sello distintivo de su autor. Formando así el corpus cinematográfico de Woody Allen. 
Puede que existan obras mejor y peor resueltas pero es una filmografía única, digna de ver. Es el conjunto de ellas la que nos hace acudir año tras año a nuestra cita anual preferida. Su cine.



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